Chile hoy en la pandemia sanitaria y social

Esta crisis sanitaria que nos afecta es entonces parte de una crisis sistémica que la produce, y a su vez esta crisis nos lleva a una crisis económica y social en la cual hoy estamos inmersos.

Por Soledad Barría Iroumé, ex Ministra de Salud de Chile.

Vivimos hoy, probablemente, de las semanas más duras en relación a la pandemia del Coronavirus.

Esta infección viral no es la primera ni será la última que nos afecte como humanidad. Ya había sido anticipado en un trabajo de expertos de las Naciones Unidas “Un mundo en peligro”[1] en septiembre del 2019, donde analizan el peligro en que estamos dado el crecimiento poblacional, el avance de la sequía, el calentamiento climático, la persistencia del hambre, las malas condiciones de vida y la pérdida de relación entre el ser humano y la naturaleza. Nos enfrentamos a la emergencia de nuevas enfermedades, como esta, o bien a la re-emergencia de anteriores nunca desaparecidas como la malaria, el dengue y otras.

Esta crisis sanitaria que nos afecta es entonces parte de una crisis sistémica que la produce, y a su vez esta crisis nos lleva a una crisis económica y social en la cual hoy estamos inmersos.

El gobierno de Piñera creyó que una vez relativamente estabilizadas las infecciones en el sector oriente de Santiago, ya podían cantar victoria, se podría retornar al trabajo, abrir el comercio, había llegado la “nueva normalidad”. No ven o no quieren ver la desigualdad en nuestro país. Esa desigualdad que hace mucho más rápido el contagio cuando se vive en hacinamiento, o en blocks con departamentos de 40 metros. Esa desigualdad que hace más grave la infección cuando afecta a nuestro pueblo: los niveles socioeconómicos más desfavorecidos tienen  casi el triple de diabéticos. Y en ellos es sabido que la infección es más grave. Hoy la crisis sanitaria es una realidad.

Esa desigualdad que hace que, en muchos barrios no sea posible guardar el confinamiento total: no sólo porque no tienen un patio donde los niños puedan correr algo, o donde pueda un adulto sentarse a mirar las plantas, sino porque se sale día a día a buscar el sustento diario, ya sea con algún “servicio” como peluquería, jardineros, trabajadoras de casa particular, coleros o cuidadores de auto. No poder salir significa no tener para comer. De qué teletrabajo estamos hablando cuando nos referimos a esos servicios y cuando hay barrios enteros donde no llega el internet. El acceso a internet es un bien privado como tantos otros.

Esa desigualdad ha llegado hoy a expresarse en el hambre en una comuna que lleva 1 mes de cuarentena y todavía, la ayuda tan anunciada en los reportes diarios, no llega.

El apoyo del gobierno ha sido lento, escaso, tardío. El bono Covid, sólo para algunos, era mínimo, el ingreso de emergencia no sólo no alcanza sino que todavía no llega y es engorroso. Se anuncia cajas de mercaderías, pero en vez de ejecutarlo con los municipios que son los que están cercanos a la población, lo pretenden ejecutar centralizadamente.

La urgencia de la situación parece no alcanzarles.

Hoy hay muchas iniciativas de ollas comunes, organización vecinal, barrial, prestando asistencia a las y los vecinos. En los territorios, allí donde sucede la vida real, esa es la esperanza, la solidaridad. En materia de instituciones públicas, el centro de salud, el municipio, a veces la escuela son los representantes de ese Estado, las más de las veces presentes pero con pocos recursos para dar cuenta de las necesidades.

Esta y futuras pandemias deben encontrarnos como país con un verdadero sistema de salud solidario y universal que nos de garantía de una salud digna, pero también con un sistema de seguridad social que garantice que ningún habitante llegue a la desesperación, al hambre por una pandemia. Debemos trabajar por superar esta situación con organización y solidaridad y pensar en la nueva Constitución que deberá garantizar derechos económicos y sociales (empleo decente, salud universal, vivienda digna, espacios de recreación, jubilación y otros) para todos y todas.

La urgencia del trabajo hoy, nos obliga a sacar las lecciones y pensar en la necesidad de cambio real mañana, un cambio de tipo de desarrollo, un acuerdo en la nueva Constitución por un Chile Solidario y Justo.


[1] Un mundo en peligro: Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias.

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